Había estado comprando el periódico esporádicamente por los últimos tres años. Siempre esperó sacarse el premio mayor, total, esa era la mayor motivación que tenían los lectores de un diario popular de esta pequeña ciudad, tan grande y tan pequeña que la gente se sentía cada vez más asfixiada de tener siempre alguien al costado, pero no conocer nunca a nadie.
En la mañana había dejado de comprar la galleta del día, el que lo iba a alimentar mientras llegara a casa por la noche, para comprar el matutino y llamar desde el trabajo, mientras nadie lo miraba, al número que se indicaba para el sorteo de la semana. Eran dos mil dólares que lo podían sacar de ciertas deudas obtenidas. Eran deudas que por más que las pagaban siempre estaban allí, con los intereses que a la fecha ya le habían cobrado el triple de lo que había gastado. Así que si se ganaba el premio, pensó, podría quedar con deuda cero y empezar a pensar ahora si en reparar los desperfectos de la casa, que cada día se le iba deteriorando de a pocos, pero indefectiblemente. Pensó poder sacar a pasear a su mujer, sacar a sus hijos, sacar a su perro a dar más que una vuelta por la manzana, sino de verdad pasear como Dios lo manda. Con comida incluida. Pensó que ya era tiempo en que ganase algo, que la vida lo premiase, le diera una alegría económica.
Llamó al número pero estaba congestionado. Intentó dos veces pero ya no pudo más, el jefe entraba a la oficina y tuvo que dejar el teléfono. Apuntó entonces el número que venía impreso en un papel, lo memorizó para llamar luego, era fácil de recordar pues formaba una fecha, la fecha en que conoció a su mujer y el año de nacimiento de su pequeña hija, que a la fecha ya era toda una señorita, quien esperaba poder tener su fiesta de cumpleaños como lo habían tenido sus amigas. Guardó el papel en uno de sus bolsillos y siguió con las tareas de la oficina. A la hora del almuerzo, como no tenía nada que comer y le daba vergüenza que sus compañeros se dieran cuenta, salió a dar una vuelta por el parque, llevando el periódico para leerlo mientras pasaba su descanso. Cuando estuvo pues sentado en una banca del parque, vio que un pequeño cruzaba la calle sin darse cuenta que venía un ómnibus a velocidad, Se paró rápidamente y corriendo tomó uno de los brazos del pequeño y lo jaló hacia la vereda rescatándolo de lo que pudo ser una tragedia. La gente se acercó, el carro siguió su marcha sin detenerse ni disminuir su velocidad. El niño, asustado, empezó a llorar y una mujer, que era tal vez su madre corrió a abrazarlo y dándole las gracias por la hazaña al hombre, se alejó mientras él sentía el palpitar de su corazón, temblando por lo que acababa de hacer.
Regresó al trabajo y pasó la tarde casi sonámbulo, haciendo la tarea de siempre, como una autómata. Olvidó el número, el premio, olvidó todo. Terminó la jornada de trabajo y mientras pagaba el pasaje del micro que lo llevaría a su casa sacó el papel que había guardado en la tarde, lo miro y se rió de si mismo, pensó que si se hubiera comprado la galleta no tendría tanta hambre como sentía en esos momentos, pero tampoco habría salvado la vida del pequeño imprudente. Lo volvió a guardar, esta vez en la billetera. Era viernes y al día siguiente iba a descansar, y gastar el último billete que le quedaba con una demasiada humilde comida. Faltaban tres días para cobrar. Su mujer tenía que hacer milagros para que alcanzara unos días más, y sus hijos tenían que achicar el estomago otra vez más.
El lunes siguiente se acercó, como todas la mañanas, al puesto de periódicos, leyó las noticias y sin querer dirigió su mirada hacia la parte inferior del periódico donde se indicaba el número y el nombre del ganador. Vio el número que estaba impreso, formaba una fecha importante que siempre tenía en cuenta y finalizaba con el año de nacimiento de su hija. Supo que había ganado. ¿Había ganado?. Pero si no había llamado, entonces, ¿quien lo había hecho?. Le temblaban las piernas, su corazón palpitaba, su mente se nubló por un instante y sin saber que hacer, compró otra vez, como autómata el periódico y busco la dirección del mismo. Vio que estaba en el centro de la ciudad por una calle que apenas conocía. Decidió ir a reclamar su premio. Mientras iba pensaba que decir, como decir que él era el ganador, que él lo había comprado, que se había perdido el periódico en un parque mientras salvaba la vida a un pequeño, que era un héroe, que era un hombre que necesitaba ese dinero.
Llegó y en la portería le pidieron sus documentos, al entrar la chica de la recepción le preguntó cual era el motivo de su visita. El se lo explicó mientras la joven lo veía de pies a cabeza y luego de escucharlo decir todo cuanto quería decir le respondió que era imposible cobrar el premio si no era él el que había sido registrado por el teléfono. El hombre se desesperó, trató de volver a explicar pero subió el tono de su voz, tanto que la joven hizo un ademán a la gente de vigilancia que lo sacaron casi a rastras del diario. Avergonzado, colérico, humillado, caminó por largo tiempo, sin un rumbo fijo. Se acordó del trabajo. Ya era casi medio día, no sabía si ir o no a la oficina, la suerte le había jugado una mala broma al entregarle la oportunidad y que se le había escapado de las manos. Recordó al niño que había salvado y cuya madre sólo le dio las gracias alejándose sin saber ni sus nombres ni preguntándoselo a él. – Niño estúpido – pensó, mientras caminaba contando sus pasos – mujer estúpida – masticaba, y repetía la frase una y otra vez. Se perdió por las calles, con las manos en los bolsillos, llorando de rabia. La suerte no era con él.
lunes, 11 de agosto de 2008
domingo, 10 de agosto de 2008
Una noche (Cuento real)
Pancho me ha dejado sola, con el maldito
paquete, y no sé que hacer, bueno, si lo sé pero no me atrevo a hacerlo. No lo
quiero. Me fastidia. Me fastidia que Pancho no asuma las cosas como deben ser.
Imbécil. Imbécil yo también por no tener cuidado. Mamá siempre me decía que
tuviera cuidado con lo que hacía pero cuantas veces la he mandato al diablo a
la vieja fastidiosa esa. A veces creo que no la quiero. Me manda siempre a
hacer las cosas, cocinar, lavar, cuidar a mis hermanos. ¿Acaso yo he pedido
nacer en esta familia de porquería? Me revienta ser la mayor. Me revienta que
mis hermanos y hermanas sean tan descuidados. Me revienta que mi padre sea un
borracho. No recuerdo ninguna etapa de mi vida verlo sobrio. Todo lo que se
gana en sus cachuelos se lo gasta en trago y mujeres, Y mamá no dice nada.
Nunca le dice nada, le teme. ¿Cómo no temer a un borracho desgraciado que
siempre viene a pegar a su mujer, a sus hijos, a mi misma? Lo odio, pero más
odio a mi madre por haber traído al mundo hijos con un padre como el mío. Los
hombres son una basura, hasta Pancho es una basura, apenas se enteró me ha dejado sola. ¡Mierda!.
Patty me sacó el
año pasado a una fiesta, me dijo que iban a ir los chicos de su instituto, por
eso me animé y cuando la vieja estaba durmiendo me salí a escondida de la casa.
Total, tanto trabajo en casa me merecía un descanso y papá nunca se daba cuenta
si estaba o no, además siempre se quedaba los sábados de amanecida con sus
amigos emborrachándose en alguna cantina o en una esquina, o en cualquier
parte.
Recuerdo una vez
que de pequeña con mi mamá salimos a buscarlo un domingo por la mañana y lo
encontramos tirado a unas cuadras de la casa, sin zapatos, cochino, con los
bolsillos vacios, le habían robado al viejo borracho ese. Estaba tan mareado
que balbuceaba tirado en el suelo, mamá se acercó para levantarlo y entre ambas
lo llevamos a casa. Cuando se despertó por la tarde empezó a gritar, que quien
le había quitado su billetera, que seguro era mi mamá, se levantó y la empezó a
pegar mientras mamá le decía que no, tratando de explicarle, pero él no
escuchaba, le pegaba y yo quise defender a mi vieja pero él me dio una bofetada
tan fuerte que me hizo casi volar, siguió pegando a mi vieja hasta cansarse.
Buscó luego entre las ropas de mi mamá, entre las ollas, en el cuarto, encontró
una latita donde mi vieja tenía el dinero que guardaba de lo poco que ganaba
lavando ropa, se llevó el dinero no sin antes patear a la vieja que estaba en
el suelo; agarró la bacinica donde por las noches hacíamos nuestras necesidades
y se lo aventó, luego tomó un balde donde teníamos agua y se lo arrogó diciendo
que no fuera tan cochina ni ratera. Se fue y no apareció sino dos semanas
después, viniendo nuevamente borracho. Siempre ha sido así. Lo detesto. Ojalá
se muriera, así seríamos más libres. Total, no aporta nada en casa y solo viene
cuando se acuerda, para dormir, para abusar de la vieja, hacerle más hijos.
Ahora somos siete. ¡Siete hijos viviendo en una covacha, en un cuchitril!. A
veces no tenemos que comer, mis hermanos van al mercado y roban algunas cosas,
pobres chibolos, se las tienen que ingeniar para sobrevivir.
Con Patty nos
conocemos desde cuando éramos pequeñas, siempre hemos sido unidas, a veces la
envidio porque ella si tiene la familia que yo no tengo. Su papá es un buen
hombre y su mamá a veces nos regala comida, en las navidades, recuerdo, de
pequeña me regalaba unas muñecas simples, pero que para mi eran bellísimas, y
yo era feliz algunos días. Patty también me regalaba ropa, la ropa que ya se le
hacía vieja, pero que para mí era nueva. Yo quiero más a la mamá de Patty que a
mi propia madre. Tal vez mi madre no tenga la culpa pero siento un rencor por
la vida a la que nos ha condenado a vivir a mí y a mis hermanos al haberse
juntado con un hombre tan ruin como mi padre. A veces siento pena por ella,
pero más siento pena por mí.
Apenas si he
terminado la primaria, me quedé en segundo se secundaria, tuve que dejarlo para
ir a acompañar a mi mamá a lavar la ropa de la gente rica. Pucha, la primera
vez que fui con ella a una casa de una familia de plata creí que entraba a un
palacio, aun cuando íbamos de frente a la zona del lavado, todo era tan limpio,
con mayólicas, con un piso bonito, con pasto a la entrada, y una piscina en el
fondo donde los hijos de la señora se bañaban y jugaba, riéndose, alegres. Allí
me di cuenta de lo pobre que éramos, de lo injusto de la vida, de lo poco que
yo misma era.
Para ir a la
fiesta Patty me prestó su ropa que ya no usaba y unas zapatillas que aunque
viejas para ella yo las veía bien. Al llegar me presentó a unos chicos y entre
ellos a un primo suyo, Pancho. La verdad que estaba guapísimo, me gustó desde
la primera vez que lo vi. Es alto, morocho, ni flaco ni gordo, y muy alegre.
Estuvimos charlando y bailando toda la noche. Era una de las pocas veces que
podía divertirme, que saqué provecho de cada momento. Llegué al amanecer a casa
y entré sin que mamá se diera cuenta. Desde esa vez me escapaba de casa para
ver a Pancho. Me llevaba a comer, a pasear, al cine. Me enamoré de él y pensé
que él de mi.
Toda la semana
hacía las cosas de la casa, ayudando a mi vieja, a mis hermanos, viendo a mi
padre que jamás va a cambiar, borracho, jodiendo a la vieja, a sus hijos, jodiéndome
a mí, a nuestras vidas. ¿Por qué no se muere, no se intoxica y revienta un día
por la calle, lo atropella un carro, le cae una bala perdida, lo matan... o cualquier
otra cosa? ¿por qué no desaparece de nuestras vidas? El fresco ese le roba
ahora a mi mamá lo poco que se gana. ¡Desgraciado!.
Pancho a veces me
llevaba a un bar a tomar y yo lo aceptaba porque me sentía a gusto con él. Nos
besábamos, nos acariciábamos, nos tocábamos. Me gustaba que me acariciara, que
tomara mi cabello, besara mi cuello. Me gusta esa sensación. Desde la primera
vez que lo vi me había gustado, y en la noche de la fiesta, mientras nadie nos
miraba él me había besado y yo respondido a sus besos. Un día me propuso
hacerlo, yo no estaba tan segura, jamás había estado con un chico, apenas si
conocía los besos y las caricias que en la televisión había visto, en las
películas, en el cine. Sabía que todos los chicos lo hacen y yo porque no. Pancho
besa bonito, no como otros idiotas con los que me crucé antes. Recuerdo a Juan,
un chico de la iglesia, lo había conocido yendo a buscar comida a la parroquia.
Yo tenía apenas 13 o 14 años creo y el tenia 17. Desde que nos conocimos me
gustó y él me llevaba al patio trasero de la parroquia y allí nos besábamos
como dos adolescentes que empezábamos a experimentar los calores de nuestros
cuerpos, pero él era mayor y quería algo más. Una vez me tocó los pechos y yo
me estremecí y le dije que no lo hiciera, a pesar de que en mi interior me
había gustado que lo hiciera y él me prometió no volverlo a hacer, pero otro
día mientras nuevamente nos besábamos, detrás de la parroquia mientras adentro
se escuchaba la misa a través de los altoparlantes, él empezó a besarme y acariciarme
mientras yo hacía lo mismo, acercando nuestros cuerpos sintiendo su sexo detrás
de su pantalón. Supe que era su sexo que buscaba el mío pero yo no quería
hacerlo aun, me sentía que aun no estaba preparada, además no quería terminar como
mi mamá llena de hijos, malogrando se vida para siempre. Juan me besaba y
apretando mi cintura frotaba su sexo y yo quise parar, entonces el me agarró
fuertemente las manos y me hizo caer sobre unas bolsas llenos de cereales que
la parroquia almacenaba para los desayunos de la semana. Yo tenía un vestido
que Patty me había regalado. Juan agarró unas de mis piernas mientras se había
colocado encima mío y empezó a subirme el vestido mientras yo le decía que no,
pero él era más grande y más fuerte, puso su mano en mi boca y tuve miedo, miedo
de lo que se venía, me acordé de las películas que había visto y las novelas
donde la chicas son violadas. Quise gritar pero no pude y Juan sacó su sexo, yo
lo miré y me dio asco por lo que quería hacer, forcejeé un rato mientras el
rompía mi trusa y yo pataleaba para zafarme del imbécil ese. En un descuido
suyo lo golpeé en el rostro, arañándolo, él salió de mi encima y yo me paré y corrí, con el vestido rasgado,
sin trusa, pero con mi dignidad intacta. No se lo conté a nadie y nunca más
volví a ver a Juan. Quizás pensó que lo iba a denunciar que viajó a su pueblo
para no volver más.
Cuando Pancho me propuso hacerlo yo ya
tenía 17, pero recordaba lo que había sucedido con Juan y por ello no me
decidía a hacerlo. Pancho me puso más cerveza y yo empecé a tomas sin medida,
como dándome valor. Sabía que si no lo hacía él me iba a dejar tarde o temprano
y yo no quería perderlo porque me daba las alegrías que la vida me ha negado en
mi vida, además él estudia y sus viejos tienen plata, su papá tiene una
ferretería grande y su mamá es profesora en un colegio del barrio. Me empecé a
emborrachar para darme valor, pero también para sacar de mi mente el recuerdo
de la experiencia con Juan. A veces, recordando lo de Juan me decía a si misma
que tal vez nunca me habría de gustar estar con un hombre. Siempre quise borrar
esa imagen de Juan encima mío, con su sexo duro tratando de hacerme el amor a
la fuerza, y viendo su sexo desnudo me daba nausea de tan solo recordarlo e
imaginar que un sexo de otro hombre fuera igual al del hombre aquel que quiso
tomarme sin mi consentimiento. Me hice la idea de entregarme a Pancho pero no
mirar para nada su sexo, me daba asco.
Patty me contó que
ya lo había hecho con su enamorado en la fiesta de promoción de su colegio y
que había sido una de las experiencias más bonitas que había tenido. Me contó
algunos detalles íntimos, que de qué forma lo hizo, cuantas veces, que su
enamorado le enseñó algunas poses y que ella había gritado no de dolor sino de
placer en un hotelito medio clandestino, que había amanecido con su enamorado y
habían vuelto a hacer el amor muchas veces mas, que el sexo era muy rico. Yo
tenía mis dudas. Pero el trago nublaba cada vez más mi mente. Queria que Pancho
me tomara mientras yo no estuviera tan lúcida.
Salimos del bar,
yo estaba recontra borracha, y pesar de haber tomado tanto mi mente sabía lo
que se venía y tenía miedo, pero también curiosidad de poder experimentar todo
lo que Patty me había contado. Con el trago y los besos de Pancho me encontraba
excitada, mi cuerpo pedía algo nuevo que mi mente decía no. Pero Pancho era el
que controlaba mi cuerpo, mis pasos, y llegamos a un hostal, entramos al cuarto
y caí tendida a la cama, mientras Pancho se tiraba encima mío. Recordé a Juan y
me puse a llorar en silencio mientras también yo acariciaba a Pancho. No lo
quería perder por un recuerdo. Dejé que me acariciara todo mi cuerpo, tocara
mis senos, besara mi cuello y empezara a desnudarme. Deje que Pancho hiciera
todo conmigo. Y él hizo todo y cuanto quiso con mi cuerpo mientras mi mente
estaba perdida y de mis ojos brotaban lagrimas de dolor, pero también de placer
que aun me negaba a sentir. Pero fue tan impactante tener un hombre desnudo y
dentro de mí que poco a poco fui borrando de mi mente al maldito de Juan y me entregué
entonces al hombre del que yo estaba completamente enamorada, y deje que mi
cuerpo gozara, que mi sexo sintiera su sexo y sus manos recorrieran mi piel
desnuda. Y amanecimos abrazados, tal como me contó Patty y me alegré de haberme
entregado a Pancho, e hicimos el amor nuevamente, esta vez totalmente sobria,
con ganas, con mi cuerpo, mente y alma.
Seguimos saliendo
los fines de semana Pancho y yo y el me llevaba como siempre a comer, a pasear,
y al hotelito donde amanecíamos haciendo el amor como dos chicos que creen que
el mundo se va a acabar y que se debe gozar lo más se que puede.
Hace tres semanas
que debía llegarme la regla y no me viene y estaba tan asustada que luego de
hacer el amor con Pancho se lo conté y él me dijo que debía hacerme una prueba,
que no podía estar embarazada, que él tenía que seguir estudiando, que sus
padres iban a poner el grito en el cielo, que apenas éramos enamorados y el no quería
un compromiso mayor conmigo. Al escucharlo me sentí noqueada. No quería creer
que lo que había escuchado de sus labios fueran verdad. Le grité, le dije que
como es posible que me diga eso, acaso no era el primer hombre de mi vida,
acaso no me llevó y me convenció él para ir a ese hotel. Me dijo que lo del
hotel era porque yo también había querido y que además yo era mujer y debía
estar cuidándome, que no era su problema, que si no lo arreglaba él me iba a
dejar. Quise llorar y me dio una rabia tal que empecé a golpearlo. Tomé mis
zapatos y se los aventé con tal fuerza que se paró y pensé que me iba a
golpear. No lo hizo, tomo sus cosas, se vistió rápidamente mientras le
preguntaba que íbamos a hacer, él no me contestaba, se paró y salió del cuarto,
entonces también me paré sin importarme que estaba totalmente desnuda y corrí a
la puerta mientras el ya salía y, así desnuda lo seguí por el pasadizo del
hotel gritándole, pegándole y él sin inmutarse salió del hotel dejándome
parada, frente al cuartelero y a un par de parejas que iban saliendo del hotel,
viéndome tal como vine al mundo, no me importó, caminé al cuarto, me vestí,
salí del hotel y regresé a casa, a mi mundo oscuro de siempre.
A Patty le pedí
prestado un dinero y me compré uno de esos test de embarazo que venden en la
farmacia y al día siguiente, mientras todos aun dormían oriné en la bacinica de
siempre, y puse la prueba. Al rato vi que se dibujaban las dos malditas rayas.
Me jodí, pensé, ya me jodí. Fui a buscar a Pancho al instituto, lo esperé hasta
la salida y cuando al fin salió lo llamé y le dije que estaba embarazada, me
agarró del brazo y me llevó caminando largo tiempo, sin decirme nada, hasta
llegar al hotelito donde tantas veces me había entregado a él. Me dijo que
entrara, que adentro íbamos a hablar, yo no entendí para que llevarme al hotel,
pero entré, y una vez en el cuarto, apenas entré me dio un bofetada que caí en
la cama, él se aventó encima mío y empezó a golpearme mientras me gritaba que
era una perra, que seguro me había embarazado para atraparlo, que él no era
ningún idiota y que yo era la culpable de todo eso. No me defendí, me sentía
tan estúpida, culpable, perra, que me deje que me golpeara tal como mi padre
golpeaba a mi madre, y que arrancara mis ropas a la fuerza mientas me poseía
nuevamente, sin mi consentimiento, mientras yo lloraba, pero ya no decía nada,
porque yo era nada, era basura, no le importaba ni un comino al hombre que yo
pensaba que amaba y que él me amaba. Quedé totalmente desnuda, desgarrada,
sucia, indigna, culpable, en esa cama del hotel donde conocí hacía tantas
noches el amor, o simplemente el placer, y hoy, tirada, sólo era dolor. Pancho
se fue. Terminó conmigo diciéndome que sólo había servido para sus
eyaculaciones y nada más, así me lo dijo, con esas palabras. Maldito, maldito,
maldito, mil veces maldito. Y yo estúpida, mil veces estúpida.
Ahora estoy aquí
sola, con el maldito paquete, y no sé qué hacer, bueno, si lo sé pero no me
atrevo a hacerlo. ¡Pero qué más da!, la vida me ha tratado como una basura,
Juan me trato como una cualquiera, mis padres me engendraron para sufrir,
Pancho sólo me ha usado. Y no sé qué hacer. Me visto con mis ropas rotas, no
encuentro nada intacto, el maldito hasta ha roto mi pantalón, reventando el
botón y la cremallera. Camino afuera del hotel mientras veo unas parejas que
entran a hacer lo que se hace en un hotelito de mala muerte, camino sin rumbo,
camino sin sentir mis piernas, y siento miedo de llegar a casa y contarle a
mamá que estoy embarazada. Tal vez no le importe, o me bote, o me pegue. Camino
hasta llegar a ver los carriles del tren. Y en mi mente recuerdo que de pequeña
siempre venia hasta aquí para ver pasar el tren, me quedaba sentada a un
costado mientras botaba toda ese humo negro que tapaba el sol y oscurecía el
panorama. Me siento a esperar que pase, ya es tarde y siempre pasa a esta hora.
Pienso y mi mente queda en blanco. ¿Por qué naci mujer?. Veo llegar a lo lejos
el tren, estará por aquí quizás en un minuto. Que será de mi sin Pancho, a
pesar de todo yo lo quería y me imaginé una vida con él. Ya llega el tren, y
pienso en mis hermanos, esos pequeños pirañas que todo el mundo niega, veo a mi
padre golpeando a mi madre, veo a mi madre que me grita y me manda a cuidar a
mis hermanos, me veo detrás de la parroquia dándome los primeros besos con
Juan. Yo también amé a Juan. Me veo desnuda haciendo al amor con Pancho, el
acariciándome y yo entregándome totalmente. Y a Patty, mi única amiga que ahora
no está conmigo. El tren está cerca, muy cerca, tal vez falte 20 segundos, debo
esperar un poco más, porque este tren no va a mucha velocidad, puedo fallar y
no quiero fallar. Quiero desaparecer totalmente, que no quede ni rastros de mí,
que no tenga oportunidad de sobrevivir. Sin querer suelto mis últimas lágrimas.
Ya es hora, doy unos pasos más y ya estoy frente al viejo tren que desde niña
conozco. Y él se acerca a mí como prometiéndome nunca apartarse de mí. Y yo me
entrego a él.
sábado, 9 de agosto de 2008
Sofia y Zeta (Cuento)
Desde pequeña siempre le gustó salir a caminar hasta la playa que estaba a unas cuantas cuadras de su casa, le gustaba ver el horizonte y oír el golpe del agua en la orilla mientras rompían las olas, y junto a ella iba Zeta, su perro. Sofía amaba el mar y le temía.
Recordaba que un día, de pequeña, su madre la había llevado a conocer la playa, cuando recién fueron a vivir a esa, su nueva casa que con tantos esfuerzo su madre lo había conseguido, después de tantos años pagando un alquiler por un pequeño cuarto que jamás sería suyo, por eso, cuando escuchó la oferta de la casita de junto al mar no lo pensó dos veces y vendió algunos artefactos que tenia en el cuarto, sacó sus ahorros y se hizo un préstamo con tal de salir de aquella casa que le traía feos recuerdos y donde la señora que lo alquilaba tenia siempre un mal humor. Sofia, que a lo sumo tenía 3 años no lo quería dejar porque la mujer tenía algunas mascotas a los cuales trataba mejor que a sus inquilinos, y ella amaba esos animales que la acompañaban durante los largos días mientras Carmela, su madre, iba a trabajar en la fábrica, donde recibía un mísero sueldo que apenas le alcanzaba para el alquiler y pequeños gastos, pero, haciendo milagros siempre tenia algo nuevo, aunque pequeño, para Sofia. Su padre trabajaba tan lejos que apenas llegaba 2 o 3 veces por año y nunca les mandaba nada, más al llegar siempre abusaba de su mujer. Sofia casi no lo conocía, y cuando llegaba la sacaba del cuarto, se encerraba con su mujer mientras ella iba jugar con Dogo, Porky, Dingo, Zarina, las mascotas de la vieja gruñona. Zarina, la perra, había estado gestando por esa época, y cuando tuvo sus cachorrito la vieja los empezó a ahogar porque aunque quería a sus mascotas ya no tenía lugar para uno más. Sofia vio como los ahogaba y lloraba en silencio, escondida, porque temía que la vieja la ahogara también a ella. Cuando la vieja se retiró a buscar unas bolsas de basura donde colocar los cadáveres Sofia salió y vio a los perritos inmóviles, pequeños, frágiles y muertos, los tocó, los movió pero ya no respiraban, tocó al más gordito, al que se parecía a unos de sus peluches que su madre le había regalado en la Navidad pasada y del cual ya no quedaba sino un trapo sucio y viejo pues no lo había podido cuidar, siendo una niña de tan corta edad, y al tocarlo vio que el perrito quería subir su cabecita, como buscando a su madre que no estaba. Sofia se sorprendió y tapándolo con su chompa lo llevó antes que la vieja regresará a llevarse a los hermanos del cachorro que había rescatado.
Lo llevó a casa, cuando su padre, nuevamente se había ido y al entrar a casa vio a su madre, como dormida, en cama, desnuda, como cuando se bañaban juntas cada noche al regresar Carmela. Se acercó y la cubrió con la sabana viéndola que tenía un hilillo de sangre al costado de su boca. Supo que lo había provocado su padre y lo odió como nunca supo. Mientras lloraba la acariciaba, y llevó, en su inocencia de sus 3 años, al pequeño rescatado a la cara de la mujer quien al sentir un cuerpecito mojado despertó de un sueño provocado, apenas si se movió, se sentó en la cama y acariciando a Sofia le decía - los hombres son una mierda. - Sofia sabia que su padre era mierda. Nunca lo habría de olvidar. Su padre nunca más volvió pero su rostro quedó grabado en la mente de la pequeña, tal como quedó grabado la escena de su madre desnuda y herida. Y cada vez que lo recordaba lo odiaba más.
Desde aquel momento cuidó a su mascota y cuando se había enfermado de cachorro lo llevaba a escondidas a su cama y dormía con él. Lo abrazaba tiernamente orando para que su perrito no se le muriera como otras tanta mascotas que ya no estaban, algunos "extraviados" por su papá, otros que se habían ido y otros tantos que nunca los pudo tener por no tener un sitio donde criarlo. Agradeció a Dios por esa oportunidad.
Cuando llegaron a su nueva casa Sofia llevaba a Zeta, su pequeña mascota que ella misma rescató y por el que tuvo que hacer algunas tareas para la vieja, quien lo llevó a la veterinaria para que le pongan sus vacunas a cambio de que les limpiara sus porquerías de sus demás perros mientras su mama iba a la fábrica. Carmela nunca lo supo pues era un secreto entre la vieja y la pequeña y Sofia amaba a Zeta y no lo quería ver morir pues ya había visto que sus otros perritos se le habían muerto antes, pues mamá no podía cubrir con otros gastos para los cuales no tenía presupuesto.
Por las tardes iba con Zeta caminando a la playa y se quedaba hasta tarde, antes de anochecer, retornando a casa para esperar a su madre. Y así fueron varios años.
Ese día había regresado tarde del colegio porque la maestra la castigó con unas tareas por haber estado parloteando sin hacer caso a la clase que con tanto esfuerzo preparó el día anterior. Sofia parloteaba porque fuera del colegio no había con quien charlar, sabía que su madre no llegaría sino por la noche. Antes de llegar tenía que pasar por el comedor y llevar para el almuerzo y la cena, pero como llegó tarde encontró la puerta cerrada y resignada volvía a casa sin ganas, con hambre, sin fuerzas. Al entrar en casa vio que por la parte de atrás se había escapado Zeta, tal vez también había tenido hambre y había ido a buscar por el basural. Se entristecía al ver la situación en la que vivián su madre y ella, pero jamás le decía nada ni le reprochaba, porque alguna vez que lo había intentado recordaba a su padre, la escena de su madre, la casa de la vieja gruñona, que se alegraba de estar lejos de todo eso, además, Carmela aun cuando trabajaba todo el día, por las noches conversaba con ella y en algunas ocasiones salían a pasear, aun cuando tampoco en esas ocasiones Sofia le pedía nada, se alegraba simplemente de saber que su madre la quería y ella queria a su madre. Daría su vida por ella.
Sofia empezó a buscar a Zeta, primero por las calles de su barrio, un poco mas allá, por los basurales, por el mercado, pero no lo encontró. Entonces recordó que a Zeta también le gustaba el mar y se fue hacia la playa a buscarlo. Recorrió largo tiempo la orilla del mar, viendo un grupo de muchachos que jugaban tirando piedras a un bulto rojo. No le tomó importancia hasta que estuvo cerca y vio horrorizada que ese bulto rojo no era sino su Zeta, su perro de pelaje blanco que había sido atacado por ese grupo de chicos que por diversión lo habían matado. Corrió con desesperación, con dolor, con rabia, gritando, blasfemando, insultando mientras los muchachos seguían tirando piedras a Zeta quien no se movía, cada vez más rojo. Sofia tomó un trozo de madera que encontró y corrió para golpear a aquellos que se divertían mientras ella agonizaba de dolor. Golpeó a uno y los demás empezaron a correr. Eran unos adolescentes como empezaba a serlo ella. El muchacho caído se paró, tambaleándose primero, firmemente después, con una pequeña herida en la frente fruto del golpe certero de la muchacha, sonrió y empezó a correr, deteniéndose un rato, se volteó, miró fijamente a Sofia, señalándola con el dedo, amenazante - perra- le dijo son una sonrisa macabra, siniestra mientras se alejaba riéndose como si acabara de darle una lección.
Se reclinó y abrazó a Zeta que ya no era sino un guiñapo de carne y pelos. Tiñó su uniforme de color rojo y lloró amargamente. Y maldijo a Dios que le quitaba a un ser que tanto amaba y que la había acompañado tanto tiempo, le reclamó por su dolor, por sus tristezas, por su abandono. Y recordó a su padre golpeando a su madre. Y a los muchachos matando a su perro. Y recordó lo que su madre le había dicho años antes. - los hombres son una mierda. - Sofia sabia que su padre era mierda. Sofia supo que los muchachos eran mierda. Temía que todos fueran mierda. No quiso pensar en Dios porque le dolía mucho pensar que también El lo fuera. Lloró hasta quedarse dormida junto al cadáver del cachorro que un día rescató de la muerte.
Recordaba que un día, de pequeña, su madre la había llevado a conocer la playa, cuando recién fueron a vivir a esa, su nueva casa que con tantos esfuerzo su madre lo había conseguido, después de tantos años pagando un alquiler por un pequeño cuarto que jamás sería suyo, por eso, cuando escuchó la oferta de la casita de junto al mar no lo pensó dos veces y vendió algunos artefactos que tenia en el cuarto, sacó sus ahorros y se hizo un préstamo con tal de salir de aquella casa que le traía feos recuerdos y donde la señora que lo alquilaba tenia siempre un mal humor. Sofia, que a lo sumo tenía 3 años no lo quería dejar porque la mujer tenía algunas mascotas a los cuales trataba mejor que a sus inquilinos, y ella amaba esos animales que la acompañaban durante los largos días mientras Carmela, su madre, iba a trabajar en la fábrica, donde recibía un mísero sueldo que apenas le alcanzaba para el alquiler y pequeños gastos, pero, haciendo milagros siempre tenia algo nuevo, aunque pequeño, para Sofia. Su padre trabajaba tan lejos que apenas llegaba 2 o 3 veces por año y nunca les mandaba nada, más al llegar siempre abusaba de su mujer. Sofia casi no lo conocía, y cuando llegaba la sacaba del cuarto, se encerraba con su mujer mientras ella iba jugar con Dogo, Porky, Dingo, Zarina, las mascotas de la vieja gruñona. Zarina, la perra, había estado gestando por esa época, y cuando tuvo sus cachorrito la vieja los empezó a ahogar porque aunque quería a sus mascotas ya no tenía lugar para uno más. Sofia vio como los ahogaba y lloraba en silencio, escondida, porque temía que la vieja la ahogara también a ella. Cuando la vieja se retiró a buscar unas bolsas de basura donde colocar los cadáveres Sofia salió y vio a los perritos inmóviles, pequeños, frágiles y muertos, los tocó, los movió pero ya no respiraban, tocó al más gordito, al que se parecía a unos de sus peluches que su madre le había regalado en la Navidad pasada y del cual ya no quedaba sino un trapo sucio y viejo pues no lo había podido cuidar, siendo una niña de tan corta edad, y al tocarlo vio que el perrito quería subir su cabecita, como buscando a su madre que no estaba. Sofia se sorprendió y tapándolo con su chompa lo llevó antes que la vieja regresará a llevarse a los hermanos del cachorro que había rescatado.
Lo llevó a casa, cuando su padre, nuevamente se había ido y al entrar a casa vio a su madre, como dormida, en cama, desnuda, como cuando se bañaban juntas cada noche al regresar Carmela. Se acercó y la cubrió con la sabana viéndola que tenía un hilillo de sangre al costado de su boca. Supo que lo había provocado su padre y lo odió como nunca supo. Mientras lloraba la acariciaba, y llevó, en su inocencia de sus 3 años, al pequeño rescatado a la cara de la mujer quien al sentir un cuerpecito mojado despertó de un sueño provocado, apenas si se movió, se sentó en la cama y acariciando a Sofia le decía - los hombres son una mierda. - Sofia sabia que su padre era mierda. Nunca lo habría de olvidar. Su padre nunca más volvió pero su rostro quedó grabado en la mente de la pequeña, tal como quedó grabado la escena de su madre desnuda y herida. Y cada vez que lo recordaba lo odiaba más.
Desde aquel momento cuidó a su mascota y cuando se había enfermado de cachorro lo llevaba a escondidas a su cama y dormía con él. Lo abrazaba tiernamente orando para que su perrito no se le muriera como otras tanta mascotas que ya no estaban, algunos "extraviados" por su papá, otros que se habían ido y otros tantos que nunca los pudo tener por no tener un sitio donde criarlo. Agradeció a Dios por esa oportunidad.
Cuando llegaron a su nueva casa Sofia llevaba a Zeta, su pequeña mascota que ella misma rescató y por el que tuvo que hacer algunas tareas para la vieja, quien lo llevó a la veterinaria para que le pongan sus vacunas a cambio de que les limpiara sus porquerías de sus demás perros mientras su mama iba a la fábrica. Carmela nunca lo supo pues era un secreto entre la vieja y la pequeña y Sofia amaba a Zeta y no lo quería ver morir pues ya había visto que sus otros perritos se le habían muerto antes, pues mamá no podía cubrir con otros gastos para los cuales no tenía presupuesto.
Por las tardes iba con Zeta caminando a la playa y se quedaba hasta tarde, antes de anochecer, retornando a casa para esperar a su madre. Y así fueron varios años.
Ese día había regresado tarde del colegio porque la maestra la castigó con unas tareas por haber estado parloteando sin hacer caso a la clase que con tanto esfuerzo preparó el día anterior. Sofia parloteaba porque fuera del colegio no había con quien charlar, sabía que su madre no llegaría sino por la noche. Antes de llegar tenía que pasar por el comedor y llevar para el almuerzo y la cena, pero como llegó tarde encontró la puerta cerrada y resignada volvía a casa sin ganas, con hambre, sin fuerzas. Al entrar en casa vio que por la parte de atrás se había escapado Zeta, tal vez también había tenido hambre y había ido a buscar por el basural. Se entristecía al ver la situación en la que vivián su madre y ella, pero jamás le decía nada ni le reprochaba, porque alguna vez que lo había intentado recordaba a su padre, la escena de su madre, la casa de la vieja gruñona, que se alegraba de estar lejos de todo eso, además, Carmela aun cuando trabajaba todo el día, por las noches conversaba con ella y en algunas ocasiones salían a pasear, aun cuando tampoco en esas ocasiones Sofia le pedía nada, se alegraba simplemente de saber que su madre la quería y ella queria a su madre. Daría su vida por ella.
Sofia empezó a buscar a Zeta, primero por las calles de su barrio, un poco mas allá, por los basurales, por el mercado, pero no lo encontró. Entonces recordó que a Zeta también le gustaba el mar y se fue hacia la playa a buscarlo. Recorrió largo tiempo la orilla del mar, viendo un grupo de muchachos que jugaban tirando piedras a un bulto rojo. No le tomó importancia hasta que estuvo cerca y vio horrorizada que ese bulto rojo no era sino su Zeta, su perro de pelaje blanco que había sido atacado por ese grupo de chicos que por diversión lo habían matado. Corrió con desesperación, con dolor, con rabia, gritando, blasfemando, insultando mientras los muchachos seguían tirando piedras a Zeta quien no se movía, cada vez más rojo. Sofia tomó un trozo de madera que encontró y corrió para golpear a aquellos que se divertían mientras ella agonizaba de dolor. Golpeó a uno y los demás empezaron a correr. Eran unos adolescentes como empezaba a serlo ella. El muchacho caído se paró, tambaleándose primero, firmemente después, con una pequeña herida en la frente fruto del golpe certero de la muchacha, sonrió y empezó a correr, deteniéndose un rato, se volteó, miró fijamente a Sofia, señalándola con el dedo, amenazante - perra- le dijo son una sonrisa macabra, siniestra mientras se alejaba riéndose como si acabara de darle una lección.
Se reclinó y abrazó a Zeta que ya no era sino un guiñapo de carne y pelos. Tiñó su uniforme de color rojo y lloró amargamente. Y maldijo a Dios que le quitaba a un ser que tanto amaba y que la había acompañado tanto tiempo, le reclamó por su dolor, por sus tristezas, por su abandono. Y recordó a su padre golpeando a su madre. Y a los muchachos matando a su perro. Y recordó lo que su madre le había dicho años antes. - los hombres son una mierda. - Sofia sabia que su padre era mierda. Sofia supo que los muchachos eran mierda. Temía que todos fueran mierda. No quiso pensar en Dios porque le dolía mucho pensar que también El lo fuera. Lloró hasta quedarse dormida junto al cadáver del cachorro que un día rescató de la muerte.
viernes, 8 de agosto de 2008
Mi amiguita (Cuento)
Era una chiquita tan linda que todos los niños de la cuadra la mirabamos mientras pasea su pequeño perro por las calles, o cuando con su vestido todo pulcro llegaba al colegio y se juntaba con el grupito de amigas de siempre. Era bonita, preciosa, una carita angelical, una carita tan tierna. Y detras de esa fachada esa niña no era tal.
Vanessa era su nombre, y su apellido ya no lo recuerdo, han pasado tantos años que ya solo recuerdo su carita y sus maldades. Es algo que recuerdo de mi infancia.
Tenia una sonrisa que cautivaba a todo el mundo, era la preferida de los maestros, la que en cada setiembre se llevaba la corona de "Reina de la Primavera", y no era para menos si de belleza casi nadia le ganaba, y tenia tantos amigos y amigas, sobretodo "amigos". Y era una niña.
Los maestros la tenian como un ejemplo para todos, tan estudiosa, aplicada, de tan buen aliño, impecable y tan modosita ella. Vaya que era un ejemplo a seguir, y si pues, la seguíamos muchos.
Yo no la conocía mucho porque estaba un grado más que el mio, yo apenas la miraba pasar a veces a través de la ventana de mi casa, y me quedaba mirándola, extasiado de verla tan bonita, inalcansable. Yo que era un niño que no sabía de amor y esas cosas, porque los adultos dicen que los niños no saben de otro amor que el de amar a papá y mamá, y querer a los hermanos, nunca, piensan, que los niños amen como los adultos amamos, como un hombre ama a una mujer (o al menos la desea).
Un día cuando estaba enfermo me quedé en casa, pero en la mañana, a la hora que Vanessita pasaba por la vereda rumbo al colegio salí rápidamente a la ventana para verla pasar como cada día y tras pasar ella seguí allí hasta perderla de vista. Estaba emocionado. Y a la hora que debía volver del colegio también la esperé que pasara por la casa y estuve plantado en la ventana por largo tiempo pero no llegó, me extrañó tanto pues los demás niños ya habrían llegado a casa, ¡ya habian llegado mis hermanos!, me entristecí un poco pero continué entonces con mis juegos que habia dejado de lado por esperarla pasar.
En la tarde mamá me mandó a comprar no se qué en la tienda pues ya me sentía mejor. Fui, aunque a regañadientes a comprar lo que me había encargado. Llegué a la tienda pero estaba cerrada asi me decidí a caminar unas cuadras más hasta la siguiente tienda, y al llegar encontré a Vanessita. Me emocioné. Sentía el palpitar fuerte del corazón como queriéndose escaparse del pecho, y el enrojecer de mi rostro, olvidando el porqué estaba allí parado, y me quedé viéndola mientras pedia unos dulces. Se voltió y me vió que la miraba, mostrándose extrañada primero, y como si recordase algo, sonriente después, y fue esa sonrisa que me dió fuerza para saludarla - hola- dije; - hola que tal - dijo ella y me alegró que contestara mi saludo y no dejarme con la palabra en la boca como un tonto. - bien, gracias, y tu? - aqui pues endulzando la tarde, ¿te llamas Angel verdad? -. Me sorprendió mucho que supiera mi nombre. ¿Cómo sabía mi nombre? Nunca antes nos habiamos hablado. - si, y tu ¿Vanessita verdad? - dime Vanessa, soy una mujer, no una niñita - me decia una niñita de apenas 8 años que decia ser mujer, pero no podia contrariarla, ademas no me llamó "Angelito" asi que yo no tenía quizás derecho de llamarla "Vanessita", - hola Vanessa, entonces-. Salimos y estuvimos charlando un rato hasta que me acorde que tenia el recado de mamá, asi que tuve que cortar la conversación - chau Vanessa, nos vemos - ¿Asi nada mas? Acaso no sabes despedirte - me dijo ella, y yo me extrañé un montón por la pregunta que no sabia que hacer así que ella tomó la iniciativa y acercó sus finos labios con los mios y me dio el primer beso de mi vida. Apenas fue un "piquito" como lo decimos ahora, pero para un niño de apenas 7 años eso era lo más fantástico que habia vivido y sentí que me habia enamorado de ella y con ese beso ya eramos "novios". Era apenas un niño.
Volví a casa y ya no pude pensar nada más que en eso y esperaba la proxima semana, hasta el lunes para poder volver al colegio y encontrarme con ella.
Llegó el lunes y yo esperaba que pasara por frente a mi casa para ir con ella al colegio, pero no pasó y ya se me hacia tarde asi que me fui solo, como cada mañana y al llegar la encontré en medio de un grupo de niñas que conversaban y se reian de forma cómplice, talvez de una historia, talvez de unos juegos, de lo que les habría sucedido el fin de semana, cuando de pronto alzó la mirada y me vió parado y bajo la mirada riéndose mientras su grupito de amigas volteaba a mirarme y se volvian a voltear mientras soltaban nuevamente la risa. Me sentí extraño, tonto, alli detenido, encolerizado, humillado, así que segui la marcha a encontrarme con los amigos de siempre, mientras mi mente estaba lejos, recordando el beso, pero también recordando las risas, extraño.
Al regresar del colegio, luego de haberme separado de mis amigos, casi por llegar a casa Vanessita me saluda - hola Angel, ¿no me vas a saludar?- voltié y a un costado estaba ella, sentada en unas escalerillas, no me había dado cuenta de ella y no la habría visto si es que no me saludaba. -hola Vanessa -dije muy serio -, ¿por que te reias en la mañana?- ¿No me vas a saludar como me gusta?-dijo ella. Me extrañé y quedé perplejo por la pregunta y respuesta. Se acercó, dando un saltito, juguetona, me abrazó y me dio un beso, un beso largo, como una mujer apasionada da un beso a un hombre que la desea, pero era una niña. Y me dejé llevar y le respondí dandole otro beso de igual intensidad. Me olvidé de la verguenza pasada por la mañana, porque con ese beso era fácil olvidarse de todo. Aprendí con ella lo que era dar un verdadero beso, y apenas era un niño de 7 años. Seguimos así un largo tiempo más y hablamos de no se qué, no era importante, lo importante era estar junto a ella.
Varios días después, mientras jugaba con unos amigos en el parque, Pepe pateó la pelota tan fuerte que se fue lejos y, como ya era turno que yo recogiera la pelota perdida fui tras de ella, corriendo para alcanzarla, y al alcanzarla vi algo que no me esperaba, que me impactó tanto que mucho tiempo me sentí mal. Vi, detrás de unos árboles, como a escondidas, a Vanessita con un chico algo mayor que ella, talvez otro niño de no más de 10 u 12 años, pero según recordaba yo lo habia visto en la ceremonia de fin de año del colegio, el año pasado mientras se premiaban a los mejores alumnos del año. Lo recordé cuando se dirigía al estrado a recoger su diploma y un premio, mientras yo esperaba mi turno, pues también debía recibir el diploma y el premio a mejor alumno de mi grado. Y recuerdo también que Vanessa estaba delante mio, sonriente, muy linda, como siempre, esperando su propio premio pues, como ya sabiamos, era la mejor de su grado. Todos estabamos orgullosos, pensando que habiamos dejado atrás a los tontos, pensando que eramos los mejores. Teniamos henchido en pecho vanagloriandonos en nuestro "éxito". Al verlos allí me dio un pinchazo en el corazón y observé sin acercarme. Charlaban muy amenamente, ella jugando con sus manos, tocándo sus cabellos, sus brazos, un rato abrazándolo, otro rato riéndose, y de pronto vi lo que yo sabía que iba a llegar pero no quería ver. Vi que ella lo besaba como antes me habia besado a mi. Y sentí cólera, rabia, que me acerqué y lo empujé. El se voltió y me dió un trompazo que me tiró al suelo, pero me levanté y quise seguir golpeándolo pero el golpeado era yo, y tal era la bronca que mis amigos se acercaron corriendo a apoyarme, mientras él se iba corriendo, no sin antes darme una patada mientras me encontraba en el suelo, humillado y golpeado. En todo ese momento Vanessa nos habia estado mirando y se reía, orgullosa, mientras nos golpeábamos (o yo era golpeado) y al terminar todo también la vi desaparecer. Al llegar a casa mamá pegó un grito en el cielo al ver a su "pequeño" magullado, sangrante (me habia reventado el labio, no por un golpe certero de mi contrincante, sino por mis propios movimientos de ataque y defensa me habia golpeado con una rodilla mia mientras estaba en el suelo). ¡Y que decir de papá!. Ambos me interrogaron, que quién me habia golpeado, porqué, donde, etc., pero yo no dí el nombre de mi rival porque sentía que sería una cobardía decir el nombre y que mis padres fueran al colegio a presentar su queja. ¿Acaso no sería vergonzoso?. Sentí que no debía decirlo y arreglarlo a mi manera...
Pasaron algunos dias, la cara se me fue arreglando (se habia hinchado uno de mis ojos y el labio partido, más parecia accidentado que golpeado). Y veia a Vanessa y ella se reía de mi pero me ignoraba. Y la seguia en los recreos y al salir del colegio, durante dias, pero no la vi con el niño aquel de la golpiza. Pero un dia la vi encontrándose con otro niño. Yo lo conocia también de vista y también lo recordé en la ceremonia de premiación. Empecé a recordar e hilvanar las cosas que habian pasado semanas antes. A Vanessa le gustaba besar, y besar mucho, pero solo besaba a los "premiados", a los chicos de la "etile intelectual" del colegio. Vaya, que juego el que jugaba Vanessa. Y para confirmar lo que yo pensaba la vi dar sus saltitos juguetones de siempre y sus abrazos y dar sus besos a ese otro "conocido". ¡Me sentí en ese momento liberado, un niño liberado!. Me dió entonces rabia de haberme sentido mal tantas semanas por una tonteria, por una niña tonta, que por más aplicada era toda una joyita.
Todos los dias seguia ver pasar a Vanessa por frente a mi casa, pero ya no me emocionaba aunque a veces la miraba recordando los besos y abrazos, los primeros de mi corta vida, muy intensos, mucho más intensos que los muchos que he tenido en el trancurso de mi vida adulta. Tiempo después me crucé con Vanessa volviendo del colegio - ¿cómo estas Angel? - Hola Vanessa, que haces - esperando que nos encontremos pues Angel, ya que me rehuyes - no te rehuyo solo que las tareas y otras cosas, además ya no te encuentro - claro, no importa, ahora estamos aqui, ¿cómo vas los puños? - y recordé los pequeños golpes de la vida ya vivida - bien, como lo ves - pues te ves bien - y tu también Vanessa-. Y caminamos un rato mientras me decia que le gustaría crecer rápido para ir a vivir lejos de aquí y conocer nuevos aires, nueva gente, yo le decia que el tiempo es el tiempo. Finalmente, para despedirnos nos dimos los besos ya conocidos, pero ya el encanto se habia perdido, pero no las ganas de besar sus labios suaves, infantiles, calurosos, todo una mezcla. Y veía ya sin perturbarme los besos que ella daba a los chicos de la "élite", que aunque no nos conociamos tanto nos hicimos cómplices de los juegos de Vanessa. Y es que ella nos habia enseñado algo nuevo, algo que los maestros y la escuela no nos había enseñado (no nos podría enseñar tan bien como nos enseño ella), ni que nuestros padres nos habían dicho. Total, nuevamente habiamos dejado atrás al todo el grupo de niños "comunes". Habiamos, gracias de Vanessa , adelantado y conocido mucho antes que otros los calores de nuestros cuerpos, de nuestros labios, de nuestro sexo, que años despues ya estabamos preparados para poner en práctica lo que en teoria "solo" conocíamos.
Nunca mas volví a a ver a Vanessa, pero al recordarla siento una pequeña nostalgia por esa niñita-mujer de mirada engañosa, de bonito rostro, de voz angelical, pero con tanta experiencia vivida en un cuerpo tan pequeño como aquella niña de 8 años.
Así que seguí la vida con la experiencia adquirida...
Vanessa era su nombre, y su apellido ya no lo recuerdo, han pasado tantos años que ya solo recuerdo su carita y sus maldades. Es algo que recuerdo de mi infancia.
Tenia una sonrisa que cautivaba a todo el mundo, era la preferida de los maestros, la que en cada setiembre se llevaba la corona de "Reina de la Primavera", y no era para menos si de belleza casi nadia le ganaba, y tenia tantos amigos y amigas, sobretodo "amigos". Y era una niña.
Los maestros la tenian como un ejemplo para todos, tan estudiosa, aplicada, de tan buen aliño, impecable y tan modosita ella. Vaya que era un ejemplo a seguir, y si pues, la seguíamos muchos.
Yo no la conocía mucho porque estaba un grado más que el mio, yo apenas la miraba pasar a veces a través de la ventana de mi casa, y me quedaba mirándola, extasiado de verla tan bonita, inalcansable. Yo que era un niño que no sabía de amor y esas cosas, porque los adultos dicen que los niños no saben de otro amor que el de amar a papá y mamá, y querer a los hermanos, nunca, piensan, que los niños amen como los adultos amamos, como un hombre ama a una mujer (o al menos la desea).
Un día cuando estaba enfermo me quedé en casa, pero en la mañana, a la hora que Vanessita pasaba por la vereda rumbo al colegio salí rápidamente a la ventana para verla pasar como cada día y tras pasar ella seguí allí hasta perderla de vista. Estaba emocionado. Y a la hora que debía volver del colegio también la esperé que pasara por la casa y estuve plantado en la ventana por largo tiempo pero no llegó, me extrañó tanto pues los demás niños ya habrían llegado a casa, ¡ya habian llegado mis hermanos!, me entristecí un poco pero continué entonces con mis juegos que habia dejado de lado por esperarla pasar.
En la tarde mamá me mandó a comprar no se qué en la tienda pues ya me sentía mejor. Fui, aunque a regañadientes a comprar lo que me había encargado. Llegué a la tienda pero estaba cerrada asi me decidí a caminar unas cuadras más hasta la siguiente tienda, y al llegar encontré a Vanessita. Me emocioné. Sentía el palpitar fuerte del corazón como queriéndose escaparse del pecho, y el enrojecer de mi rostro, olvidando el porqué estaba allí parado, y me quedé viéndola mientras pedia unos dulces. Se voltió y me vió que la miraba, mostrándose extrañada primero, y como si recordase algo, sonriente después, y fue esa sonrisa que me dió fuerza para saludarla - hola- dije; - hola que tal - dijo ella y me alegró que contestara mi saludo y no dejarme con la palabra en la boca como un tonto. - bien, gracias, y tu? - aqui pues endulzando la tarde, ¿te llamas Angel verdad? -. Me sorprendió mucho que supiera mi nombre. ¿Cómo sabía mi nombre? Nunca antes nos habiamos hablado. - si, y tu ¿Vanessita verdad? - dime Vanessa, soy una mujer, no una niñita - me decia una niñita de apenas 8 años que decia ser mujer, pero no podia contrariarla, ademas no me llamó "Angelito" asi que yo no tenía quizás derecho de llamarla "Vanessita", - hola Vanessa, entonces-. Salimos y estuvimos charlando un rato hasta que me acorde que tenia el recado de mamá, asi que tuve que cortar la conversación - chau Vanessa, nos vemos - ¿Asi nada mas? Acaso no sabes despedirte - me dijo ella, y yo me extrañé un montón por la pregunta que no sabia que hacer así que ella tomó la iniciativa y acercó sus finos labios con los mios y me dio el primer beso de mi vida. Apenas fue un "piquito" como lo decimos ahora, pero para un niño de apenas 7 años eso era lo más fantástico que habia vivido y sentí que me habia enamorado de ella y con ese beso ya eramos "novios". Era apenas un niño.
Volví a casa y ya no pude pensar nada más que en eso y esperaba la proxima semana, hasta el lunes para poder volver al colegio y encontrarme con ella.
Llegó el lunes y yo esperaba que pasara por frente a mi casa para ir con ella al colegio, pero no pasó y ya se me hacia tarde asi que me fui solo, como cada mañana y al llegar la encontré en medio de un grupo de niñas que conversaban y se reian de forma cómplice, talvez de una historia, talvez de unos juegos, de lo que les habría sucedido el fin de semana, cuando de pronto alzó la mirada y me vió parado y bajo la mirada riéndose mientras su grupito de amigas volteaba a mirarme y se volvian a voltear mientras soltaban nuevamente la risa. Me sentí extraño, tonto, alli detenido, encolerizado, humillado, así que segui la marcha a encontrarme con los amigos de siempre, mientras mi mente estaba lejos, recordando el beso, pero también recordando las risas, extraño.
Al regresar del colegio, luego de haberme separado de mis amigos, casi por llegar a casa Vanessita me saluda - hola Angel, ¿no me vas a saludar?- voltié y a un costado estaba ella, sentada en unas escalerillas, no me había dado cuenta de ella y no la habría visto si es que no me saludaba. -hola Vanessa -dije muy serio -, ¿por que te reias en la mañana?- ¿No me vas a saludar como me gusta?-dijo ella. Me extrañé y quedé perplejo por la pregunta y respuesta. Se acercó, dando un saltito, juguetona, me abrazó y me dio un beso, un beso largo, como una mujer apasionada da un beso a un hombre que la desea, pero era una niña. Y me dejé llevar y le respondí dandole otro beso de igual intensidad. Me olvidé de la verguenza pasada por la mañana, porque con ese beso era fácil olvidarse de todo. Aprendí con ella lo que era dar un verdadero beso, y apenas era un niño de 7 años. Seguimos así un largo tiempo más y hablamos de no se qué, no era importante, lo importante era estar junto a ella.
Varios días después, mientras jugaba con unos amigos en el parque, Pepe pateó la pelota tan fuerte que se fue lejos y, como ya era turno que yo recogiera la pelota perdida fui tras de ella, corriendo para alcanzarla, y al alcanzarla vi algo que no me esperaba, que me impactó tanto que mucho tiempo me sentí mal. Vi, detrás de unos árboles, como a escondidas, a Vanessita con un chico algo mayor que ella, talvez otro niño de no más de 10 u 12 años, pero según recordaba yo lo habia visto en la ceremonia de fin de año del colegio, el año pasado mientras se premiaban a los mejores alumnos del año. Lo recordé cuando se dirigía al estrado a recoger su diploma y un premio, mientras yo esperaba mi turno, pues también debía recibir el diploma y el premio a mejor alumno de mi grado. Y recuerdo también que Vanessa estaba delante mio, sonriente, muy linda, como siempre, esperando su propio premio pues, como ya sabiamos, era la mejor de su grado. Todos estabamos orgullosos, pensando que habiamos dejado atrás a los tontos, pensando que eramos los mejores. Teniamos henchido en pecho vanagloriandonos en nuestro "éxito". Al verlos allí me dio un pinchazo en el corazón y observé sin acercarme. Charlaban muy amenamente, ella jugando con sus manos, tocándo sus cabellos, sus brazos, un rato abrazándolo, otro rato riéndose, y de pronto vi lo que yo sabía que iba a llegar pero no quería ver. Vi que ella lo besaba como antes me habia besado a mi. Y sentí cólera, rabia, que me acerqué y lo empujé. El se voltió y me dió un trompazo que me tiró al suelo, pero me levanté y quise seguir golpeándolo pero el golpeado era yo, y tal era la bronca que mis amigos se acercaron corriendo a apoyarme, mientras él se iba corriendo, no sin antes darme una patada mientras me encontraba en el suelo, humillado y golpeado. En todo ese momento Vanessa nos habia estado mirando y se reía, orgullosa, mientras nos golpeábamos (o yo era golpeado) y al terminar todo también la vi desaparecer. Al llegar a casa mamá pegó un grito en el cielo al ver a su "pequeño" magullado, sangrante (me habia reventado el labio, no por un golpe certero de mi contrincante, sino por mis propios movimientos de ataque y defensa me habia golpeado con una rodilla mia mientras estaba en el suelo). ¡Y que decir de papá!. Ambos me interrogaron, que quién me habia golpeado, porqué, donde, etc., pero yo no dí el nombre de mi rival porque sentía que sería una cobardía decir el nombre y que mis padres fueran al colegio a presentar su queja. ¿Acaso no sería vergonzoso?. Sentí que no debía decirlo y arreglarlo a mi manera...
Pasaron algunos dias, la cara se me fue arreglando (se habia hinchado uno de mis ojos y el labio partido, más parecia accidentado que golpeado). Y veia a Vanessa y ella se reía de mi pero me ignoraba. Y la seguia en los recreos y al salir del colegio, durante dias, pero no la vi con el niño aquel de la golpiza. Pero un dia la vi encontrándose con otro niño. Yo lo conocia también de vista y también lo recordé en la ceremonia de premiación. Empecé a recordar e hilvanar las cosas que habian pasado semanas antes. A Vanessa le gustaba besar, y besar mucho, pero solo besaba a los "premiados", a los chicos de la "etile intelectual" del colegio. Vaya, que juego el que jugaba Vanessa. Y para confirmar lo que yo pensaba la vi dar sus saltitos juguetones de siempre y sus abrazos y dar sus besos a ese otro "conocido". ¡Me sentí en ese momento liberado, un niño liberado!. Me dió entonces rabia de haberme sentido mal tantas semanas por una tonteria, por una niña tonta, que por más aplicada era toda una joyita.
Todos los dias seguia ver pasar a Vanessa por frente a mi casa, pero ya no me emocionaba aunque a veces la miraba recordando los besos y abrazos, los primeros de mi corta vida, muy intensos, mucho más intensos que los muchos que he tenido en el trancurso de mi vida adulta. Tiempo después me crucé con Vanessa volviendo del colegio - ¿cómo estas Angel? - Hola Vanessa, que haces - esperando que nos encontremos pues Angel, ya que me rehuyes - no te rehuyo solo que las tareas y otras cosas, además ya no te encuentro - claro, no importa, ahora estamos aqui, ¿cómo vas los puños? - y recordé los pequeños golpes de la vida ya vivida - bien, como lo ves - pues te ves bien - y tu también Vanessa-. Y caminamos un rato mientras me decia que le gustaría crecer rápido para ir a vivir lejos de aquí y conocer nuevos aires, nueva gente, yo le decia que el tiempo es el tiempo. Finalmente, para despedirnos nos dimos los besos ya conocidos, pero ya el encanto se habia perdido, pero no las ganas de besar sus labios suaves, infantiles, calurosos, todo una mezcla. Y veía ya sin perturbarme los besos que ella daba a los chicos de la "élite", que aunque no nos conociamos tanto nos hicimos cómplices de los juegos de Vanessa. Y es que ella nos habia enseñado algo nuevo, algo que los maestros y la escuela no nos había enseñado (no nos podría enseñar tan bien como nos enseño ella), ni que nuestros padres nos habían dicho. Total, nuevamente habiamos dejado atrás al todo el grupo de niños "comunes". Habiamos, gracias de Vanessa , adelantado y conocido mucho antes que otros los calores de nuestros cuerpos, de nuestros labios, de nuestro sexo, que años despues ya estabamos preparados para poner en práctica lo que en teoria "solo" conocíamos.
Nunca mas volví a a ver a Vanessa, pero al recordarla siento una pequeña nostalgia por esa niñita-mujer de mirada engañosa, de bonito rostro, de voz angelical, pero con tanta experiencia vivida en un cuerpo tan pequeño como aquella niña de 8 años.
Así que seguí la vida con la experiencia adquirida...
Amigos de la infancia
A veces me pongo a recordar a los amigos de la infancia y me doy cuenta que el tiempo pasa sin detenerse ni un solo momento. Los amigos que un día tuve, de pequeño, ya no están conmigo, muchos viven tan lejos, otros ya no viven :(
Tuve amigos con lo que compartí juegos, en el colegio. Ibamos caminando, recogiendo un amigo mas por el camino hasta llegar a la porteria del colegio, donde nos dividiamos a nuestros respectivos salones, y a la hora de recreo saliamos a revolcarnos, divertirnos, ver, observar, hacer un sinfin de travesuras que los mayores decian no debiamos hacer, pero igual, lo haciamos. Romper una ventanas con el pelotazo, romper algunas cabezas con nuestras torpezas (en mi cabeza y en otras partes de mi cuerpo tengo algunas cicacrites de esas travesuras).
Ibamos detras de las niñas a molestarlas, quitarles las muñecas, solo por que queriamos. Y a la salida nuevamente nos juntabamos para volver a casa, y en el camino ir dejando un compañero y el grupo reduciéndose en el transcurso de la caminata hasta quedar solo, porque yo era el ùltimo, el que vivia mas lejos, a mi ya nadie me dejaba en casa, yo llegaba solo.
Y recordando a los amigos que ya no estan conmigo.
¡Como me gustaria volver a esa edad en la que no teniamos tantos problemas como lo tenemos hoy! Ojala existiera una maquina del tiempo que nos permitiera volver a esos monmentos tan lindos, libres, nostalgicos, màgicos, entrañables. Pero felizmente no existe la susodicha maquinita esa, porque sino ya no podriamos recordar todo lo que hicimos o dejamos de hacer y ya no habria magia, ni nostalgia, ni recuerdos... pero, igual, seria fabuloso volver por un instante a esos bellos momentos ya vividos de nuestras vidas...
Tuve amigos con lo que compartí juegos, en el colegio. Ibamos caminando, recogiendo un amigo mas por el camino hasta llegar a la porteria del colegio, donde nos dividiamos a nuestros respectivos salones, y a la hora de recreo saliamos a revolcarnos, divertirnos, ver, observar, hacer un sinfin de travesuras que los mayores decian no debiamos hacer, pero igual, lo haciamos. Romper una ventanas con el pelotazo, romper algunas cabezas con nuestras torpezas (en mi cabeza y en otras partes de mi cuerpo tengo algunas cicacrites de esas travesuras).
Ibamos detras de las niñas a molestarlas, quitarles las muñecas, solo por que queriamos. Y a la salida nuevamente nos juntabamos para volver a casa, y en el camino ir dejando un compañero y el grupo reduciéndose en el transcurso de la caminata hasta quedar solo, porque yo era el ùltimo, el que vivia mas lejos, a mi ya nadie me dejaba en casa, yo llegaba solo.
Y recordando a los amigos que ya no estan conmigo.
¡Como me gustaria volver a esa edad en la que no teniamos tantos problemas como lo tenemos hoy! Ojala existiera una maquina del tiempo que nos permitiera volver a esos monmentos tan lindos, libres, nostalgicos, màgicos, entrañables. Pero felizmente no existe la susodicha maquinita esa, porque sino ya no podriamos recordar todo lo que hicimos o dejamos de hacer y ya no habria magia, ni nostalgia, ni recuerdos... pero, igual, seria fabuloso volver por un instante a esos bellos momentos ya vividos de nuestras vidas...
martes, 5 de agosto de 2008
Observando
Observando que?
La vida.
Las cosas que van pasando, que se van dejando pasar, lo que se toma, lo que se deja. Todo
Quiero colocar en este blog lo que he vivido, lo que he experimentado y lo no experimentado, lo vivido, por muchas circunstancias de la vida, por el tiempo, por el lugar, las personas que me rodeaban, el circulo por donde recurria mi vida y ahora recurre.
Son anecdotas, pensamientos, angustias, inquietudes. Son cosas que me gustaria haber hecho realidad y que se quedaron solo en un querer. Los amores y desamores. Las alegrias y los dolores. La fantasia y la realidad, en conjunto, sin distinción, sin límites, porque la vida no distingue lo real de lo imaginario...
Bienvenidos.
Empezando...
La vida.
Las cosas que van pasando, que se van dejando pasar, lo que se toma, lo que se deja. Todo
Quiero colocar en este blog lo que he vivido, lo que he experimentado y lo no experimentado, lo vivido, por muchas circunstancias de la vida, por el tiempo, por el lugar, las personas que me rodeaban, el circulo por donde recurria mi vida y ahora recurre.
Son anecdotas, pensamientos, angustias, inquietudes. Son cosas que me gustaria haber hecho realidad y que se quedaron solo en un querer. Los amores y desamores. Las alegrias y los dolores. La fantasia y la realidad, en conjunto, sin distinción, sin límites, porque la vida no distingue lo real de lo imaginario...
Bienvenidos.
Empezando...
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