viernes, 8 de agosto de 2008

Mi amiguita (Cuento)

Era una chiquita tan linda que todos los niños de la cuadra la mirabamos mientras pasea su pequeño perro por las calles, o cuando con su vestido todo pulcro llegaba al colegio y se juntaba con el grupito de amigas de siempre. Era bonita, preciosa, una carita angelical, una carita tan tierna. Y detras de esa fachada esa niña no era tal.

Vanessa era su nombre, y su apellido ya no lo recuerdo, han pasado tantos años que ya solo recuerdo su carita y sus maldades. Es algo que recuerdo de mi infancia.

Tenia una sonrisa que cautivaba a todo el mundo, era la preferida de los maestros, la que en cada setiembre se llevaba la corona de "Reina de la Primavera", y no era para menos si de belleza casi nadia le ganaba, y tenia tantos amigos y amigas, sobretodo "amigos". Y era una niña.

Los maestros la tenian como un ejemplo para todos, tan estudiosa, aplicada, de tan buen aliño, impecable y tan modosita ella. Vaya que era un ejemplo a seguir, y si pues, la seguíamos muchos.
Yo no la conocía mucho porque estaba un grado más que el mio, yo apenas la miraba pasar a veces a través de la ventana de mi casa, y me quedaba mirándola, extasiado de verla tan bonita, inalcansable. Yo que era un niño que no sabía de amor y esas cosas, porque los adultos dicen que los niños no saben de otro amor que el de amar a papá y mamá, y querer a los hermanos, nunca, piensan, que los niños amen como los adultos amamos, como un hombre ama a una mujer (o al menos la desea).

Un día cuando estaba enfermo me quedé en casa, pero en la mañana, a la hora que Vanessita pasaba por la vereda rumbo al colegio salí rápidamente a la ventana para verla pasar como cada día y tras pasar ella seguí allí hasta perderla de vista. Estaba emocionado. Y a la hora que debía volver del colegio también la esperé que pasara por la casa y estuve plantado en la ventana por largo tiempo pero no llegó, me extrañó tanto pues los demás niños ya habrían llegado a casa, ¡ya habian llegado mis hermanos!, me entristecí un poco pero continué entonces con mis juegos que habia dejado de lado por esperarla pasar.

En la tarde mamá me mandó a comprar no se qué en la tienda pues ya me sentía mejor. Fui, aunque a regañadientes a comprar lo que me había encargado. Llegué a la tienda pero estaba cerrada asi me decidí a caminar unas cuadras más hasta la siguiente tienda, y al llegar encontré a Vanessita. Me emocioné. Sentía el palpitar fuerte del corazón como queriéndose escaparse del pecho, y el enrojecer de mi rostro, olvidando el porqué estaba allí parado, y me quedé viéndola mientras pedia unos dulces. Se voltió y me vió que la miraba, mostrándose extrañada primero, y como si recordase algo, sonriente después, y fue esa sonrisa que me dió fuerza para saludarla - hola- dije; - hola que tal - dijo ella y me alegró que contestara mi saludo y no dejarme con la palabra en la boca como un tonto. - bien, gracias, y tu? - aqui pues endulzando la tarde, ¿te llamas Angel verdad? -. Me sorprendió mucho que supiera mi nombre. ¿Cómo sabía mi nombre? Nunca antes nos habiamos hablado. - si, y tu ¿Vanessita verdad? - dime Vanessa, soy una mujer, no una niñita - me decia una niñita de apenas 8 años que decia ser mujer, pero no podia contrariarla, ademas no me llamó "Angelito" asi que yo no tenía quizás derecho de llamarla "Vanessita", - hola Vanessa, entonces-. Salimos y estuvimos charlando un rato hasta que me acorde que tenia el recado de mamá, asi que tuve que cortar la conversación - chau Vanessa, nos vemos - ¿Asi nada mas? Acaso no sabes despedirte - me dijo ella, y yo me extrañé un montón por la pregunta que no sabia que hacer así que ella tomó la iniciativa y acercó sus finos labios con los mios y me dio el primer beso de mi vida. Apenas fue un "piquito" como lo decimos ahora, pero para un niño de apenas 7 años eso era lo más fantástico que habia vivido y sentí que me habia enamorado de ella y con ese beso ya eramos "novios". Era apenas un niño.

Volví a casa y ya no pude pensar nada más que en eso y esperaba la proxima semana, hasta el lunes para poder volver al colegio y encontrarme con ella.

Llegó el lunes y yo esperaba que pasara por frente a mi casa para ir con ella al colegio, pero no pasó y ya se me hacia tarde asi que me fui solo, como cada mañana y al llegar la encontré en medio de un grupo de niñas que conversaban y se reian de forma cómplice, talvez de una historia, talvez de unos juegos, de lo que les habría sucedido el fin de semana, cuando de pronto alzó la mirada y me vió parado y bajo la mirada riéndose mientras su grupito de amigas volteaba a mirarme y se volvian a voltear mientras soltaban nuevamente la risa. Me sentí extraño, tonto, alli detenido, encolerizado, humillado, así que segui la marcha a encontrarme con los amigos de siempre, mientras mi mente estaba lejos, recordando el beso, pero también recordando las risas, extraño.

Al regresar del colegio, luego de haberme separado de mis amigos, casi por llegar a casa Vanessita me saluda - hola Angel, ¿no me vas a saludar?- voltié y a un costado estaba ella, sentada en unas escalerillas, no me había dado cuenta de ella y no la habría visto si es que no me saludaba. -hola Vanessa -dije muy serio -, ¿por que te reias en la mañana?- ¿No me vas a saludar como me gusta?-dijo ella. Me extrañé y quedé perplejo por la pregunta y respuesta. Se acercó, dando un saltito, juguetona, me abrazó y me dio un beso, un beso largo, como una mujer apasionada da un beso a un hombre que la desea, pero era una niña. Y me dejé llevar y le respondí dandole otro beso de igual intensidad. Me olvidé de la verguenza pasada por la mañana, porque con ese beso era fácil olvidarse de todo. Aprendí con ella lo que era dar un verdadero beso, y apenas era un niño de 7 años. Seguimos así un largo tiempo más y hablamos de no se qué, no era importante, lo importante era estar junto a ella.

Varios días después, mientras jugaba con unos amigos en el parque, Pepe pateó la pelota tan fuerte que se fue lejos y, como ya era turno que yo recogiera la pelota perdida fui tras de ella, corriendo para alcanzarla, y al alcanzarla vi algo que no me esperaba, que me impactó tanto que mucho tiempo me sentí mal. Vi, detrás de unos árboles, como a escondidas, a Vanessita con un chico algo mayor que ella, talvez otro niño de no más de 10 u 12 años, pero según recordaba yo lo habia visto en la ceremonia de fin de año del colegio, el año pasado mientras se premiaban a los mejores alumnos del año. Lo recordé cuando se dirigía al estrado a recoger su diploma y un premio, mientras yo esperaba mi turno, pues también debía recibir el diploma y el premio a mejor alumno de mi grado. Y recuerdo también que Vanessa estaba delante mio, sonriente, muy linda, como siempre, esperando su propio premio pues, como ya sabiamos, era la mejor de su grado. Todos estabamos orgullosos, pensando que habiamos dejado atrás a los tontos, pensando que eramos los mejores. Teniamos henchido en pecho vanagloriandonos en nuestro "éxito". Al verlos allí me dio un pinchazo en el corazón y observé sin acercarme. Charlaban muy amenamente, ella jugando con sus manos, tocándo sus cabellos, sus brazos, un rato abrazándolo, otro rato riéndose, y de pronto vi lo que yo sabía que iba a llegar pero no quería ver. Vi que ella lo besaba como antes me habia besado a mi. Y sentí cólera, rabia, que me acerqué y lo empujé. El se voltió y me dió un trompazo que me tiró al suelo, pero me levanté y quise seguir golpeándolo pero el golpeado era yo, y tal era la bronca que mis amigos se acercaron corriendo a apoyarme, mientras él se iba corriendo, no sin antes darme una patada mientras me encontraba en el suelo, humillado y golpeado. En todo ese momento Vanessa nos habia estado mirando y se reía, orgullosa, mientras nos golpeábamos (o yo era golpeado) y al terminar todo también la vi desaparecer. Al llegar a casa mamá pegó un grito en el cielo al ver a su "pequeño" magullado, sangrante (me habia reventado el labio, no por un golpe certero de mi contrincante, sino por mis propios movimientos de ataque y defensa me habia golpeado con una rodilla mia mientras estaba en el suelo). ¡Y que decir de papá!. Ambos me interrogaron, que quién me habia golpeado, porqué, donde, etc., pero yo no dí el nombre de mi rival porque sentía que sería una cobardía decir el nombre y que mis padres fueran al colegio a presentar su queja. ¿Acaso no sería vergonzoso?. Sentí que no debía decirlo y arreglarlo a mi manera...

Pasaron algunos dias, la cara se me fue arreglando (se habia hinchado uno de mis ojos y el labio partido, más parecia accidentado que golpeado). Y veia a Vanessa y ella se reía de mi pero me ignoraba. Y la seguia en los recreos y al salir del colegio, durante dias, pero no la vi con el niño aquel de la golpiza. Pero un dia la vi encontrándose con otro niño. Yo lo conocia también de vista y también lo recordé en la ceremonia de premiación. Empecé a recordar e hilvanar las cosas que habian pasado semanas antes. A Vanessa le gustaba besar, y besar mucho, pero solo besaba a los "premiados", a los chicos de la "etile intelectual" del colegio. Vaya, que juego el que jugaba Vanessa. Y para confirmar lo que yo pensaba la vi dar sus saltitos juguetones de siempre y sus abrazos y dar sus besos a ese otro "conocido". ¡Me sentí en ese momento liberado, un niño liberado!. Me dió entonces rabia de haberme sentido mal tantas semanas por una tonteria, por una niña tonta, que por más aplicada era toda una joyita.

Todos los dias seguia ver pasar a Vanessa por frente a mi casa, pero ya no me emocionaba aunque a veces la miraba recordando los besos y abrazos, los primeros de mi corta vida, muy intensos, mucho más intensos que los muchos que he tenido en el trancurso de mi vida adulta. Tiempo después me crucé con Vanessa volviendo del colegio - ¿cómo estas Angel? - Hola Vanessa, que haces - esperando que nos encontremos pues Angel, ya que me rehuyes - no te rehuyo solo que las tareas y otras cosas, además ya no te encuentro - claro, no importa, ahora estamos aqui, ¿cómo vas los puños? - y recordé los pequeños golpes de la vida ya vivida - bien, como lo ves - pues te ves bien - y tu también Vanessa-. Y caminamos un rato mientras me decia que le gustaría crecer rápido para ir a vivir lejos de aquí y conocer nuevos aires, nueva gente, yo le decia que el tiempo es el tiempo. Finalmente, para despedirnos nos dimos los besos ya conocidos, pero ya el encanto se habia perdido, pero no las ganas de besar sus labios suaves, infantiles, calurosos, todo una mezcla. Y veía ya sin perturbarme los besos que ella daba a los chicos de la "élite", que aunque no nos conociamos tanto nos hicimos cómplices de los juegos de Vanessa. Y es que ella nos habia enseñado algo nuevo, algo que los maestros y la escuela no nos había enseñado (no nos podría enseñar tan bien como nos enseño ella), ni que nuestros padres nos habían dicho. Total, nuevamente habiamos dejado atrás al todo el grupo de niños "comunes". Habiamos, gracias de Vanessa , adelantado y conocido mucho antes que otros los calores de nuestros cuerpos, de nuestros labios, de nuestro sexo, que años despues ya estabamos preparados para poner en práctica lo que en teoria "solo" conocíamos.

Nunca mas volví a a ver a Vanessa, pero al recordarla siento una pequeña nostalgia por esa niñita-mujer de mirada engañosa, de bonito rostro, de voz angelical, pero con tanta experiencia vivida en un cuerpo tan pequeño como aquella niña de 8 años.

Así que seguí la vida con la experiencia adquirida...

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