domingo, 10 de agosto de 2008

Una noche (Cuento real)



Pancho me ha dejado sola, con el maldito paquete, y no sé que hacer, bueno, si lo sé pero no me atrevo a hacerlo. No lo quiero. Me fastidia. Me fastidia que Pancho no asuma las cosas como deben ser. Imbécil. Imbécil yo también por no tener cuidado. Mamá siempre me decía que tuviera cuidado con lo que hacía pero cuantas veces la he mandato al diablo a la vieja fastidiosa esa. A veces creo que no la quiero. Me manda siempre a hacer las cosas, cocinar, lavar, cuidar a mis hermanos. ¿Acaso yo he pedido nacer en esta familia de porquería? Me revienta ser la mayor. Me revienta que mis hermanos y hermanas sean tan descuidados. Me revienta que mi padre sea un borracho. No recuerdo ninguna etapa de mi vida verlo sobrio. Todo lo que se gana en sus cachuelos se lo gasta en trago y mujeres, Y mamá no dice nada. Nunca le dice nada, le teme. ¿Cómo no temer a un borracho desgraciado que siempre viene a pegar a su mujer, a sus hijos, a mi misma? Lo odio, pero más odio a mi madre por haber traído al mundo hijos con un padre como el mío. Los hombres son una basura, hasta Pancho es una basura,  apenas se enteró me ha dejado sola. ¡Mierda!.

Patty me sacó el año pasado a una fiesta, me dijo que iban a ir los chicos de su instituto, por eso me animé y cuando la vieja estaba durmiendo me salí a escondida de la casa. Total, tanto trabajo en casa me merecía un descanso y papá nunca se daba cuenta si estaba o no, además siempre se quedaba los sábados de amanecida con sus amigos emborrachándose en alguna cantina o en una esquina, o en cualquier parte.

Recuerdo una vez que de pequeña con mi mamá salimos a buscarlo un domingo por la mañana y lo encontramos tirado a unas cuadras de la casa, sin zapatos, cochino, con los bolsillos vacios, le habían robado al viejo borracho ese. Estaba tan mareado que balbuceaba tirado en el suelo, mamá se acercó para levantarlo y entre ambas lo llevamos a casa. Cuando se despertó por la tarde empezó a gritar, que quien le había quitado su billetera, que seguro era mi mamá, se levantó y la empezó a pegar mientras mamá le decía que no, tratando de explicarle, pero él no escuchaba, le pegaba y yo quise defender a mi vieja pero él me dio una bofetada tan fuerte que me hizo casi volar, siguió pegando a mi vieja hasta cansarse. Buscó luego entre las ropas de mi mamá, entre las ollas, en el cuarto, encontró una latita donde mi vieja tenía el dinero que guardaba de lo poco que ganaba lavando ropa, se llevó el dinero no sin antes patear a la vieja que estaba en el suelo; agarró la bacinica donde por las noches hacíamos nuestras necesidades y se lo aventó, luego tomó un balde donde teníamos agua y se lo arrogó diciendo que no fuera tan cochina ni ratera. Se fue y no apareció sino dos semanas después, viniendo nuevamente borracho. Siempre ha sido así. Lo detesto. Ojalá se muriera, así seríamos más libres. Total, no aporta nada en casa y solo viene cuando se acuerda, para dormir, para abusar de la vieja, hacerle más hijos. Ahora somos siete. ¡Siete hijos viviendo en una covacha, en un cuchitril!. A veces no tenemos que comer, mis hermanos van al mercado y roban algunas cosas, pobres chibolos, se las tienen que ingeniar para sobrevivir.

Con Patty nos conocemos desde cuando éramos pequeñas, siempre hemos sido unidas, a veces la envidio porque ella si tiene la familia que yo no tengo. Su papá es un buen hombre y su mamá a veces nos regala comida, en las navidades, recuerdo, de pequeña me regalaba unas muñecas simples, pero que para mi eran bellísimas, y yo era feliz algunos días. Patty también me regalaba ropa, la ropa que ya se le hacía vieja, pero que para mí era nueva. Yo quiero más a la mamá de Patty que a mi propia madre. Tal vez mi madre no tenga la culpa pero siento un rencor por la vida a la que nos ha condenado a vivir a mí y a mis hermanos al haberse juntado con un hombre tan ruin como mi padre. A veces siento pena por ella, pero más siento pena por mí.

Apenas si he terminado la primaria, me quedé en segundo se secundaria, tuve que dejarlo para ir a acompañar a mi mamá a lavar la ropa de la gente rica. Pucha, la primera vez que fui con ella a una casa de una familia de plata creí que entraba a un palacio, aun cuando íbamos de frente a la zona del lavado, todo era tan limpio, con mayólicas, con un piso bonito, con pasto a la entrada, y una piscina en el fondo donde los hijos de la señora se bañaban y jugaba, riéndose, alegres. Allí me di cuenta de lo pobre que éramos, de lo injusto de la vida, de lo poco que yo misma era.

Para ir a la fiesta Patty me prestó su ropa que ya no usaba y unas zapatillas que aunque viejas para ella yo las veía bien. Al llegar me presentó a unos chicos y entre ellos a un primo suyo, Pancho. La verdad que estaba guapísimo, me gustó desde la primera vez que lo vi. Es alto, morocho, ni flaco ni gordo, y muy alegre. Estuvimos charlando y bailando toda la noche. Era una de las pocas veces que podía divertirme, que saqué provecho de cada momento. Llegué al amanecer a casa y entré sin que mamá se diera cuenta. Desde esa vez me escapaba de casa para ver a Pancho. Me llevaba a comer, a pasear, al cine. Me enamoré de él y pensé que él de mi.

Toda la semana hacía las cosas de la casa, ayudando a mi vieja, a mis hermanos, viendo a mi padre que jamás va a cambiar, borracho, jodiendo a la vieja, a sus hijos, jodiéndome a mí, a nuestras vidas. ¿Por qué no se muere, no se intoxica y revienta un día por la calle, lo atropella un carro, le cae una bala perdida, lo matan... o cualquier otra cosa? ¿por qué no desaparece de nuestras vidas? El fresco ese le roba ahora a mi mamá lo poco que se gana. ¡Desgraciado!.

Pancho a veces me llevaba a un bar a tomar y yo lo aceptaba porque me sentía a gusto con él. Nos besábamos, nos acariciábamos, nos tocábamos. Me gustaba que me acariciara, que tomara mi cabello, besara mi cuello. Me gusta esa sensación. Desde la primera vez que lo vi me había gustado, y en la noche de la fiesta, mientras nadie nos miraba él me había besado y yo respondido a sus besos. Un día me propuso hacerlo, yo no estaba tan segura, jamás había estado con un chico, apenas si conocía los besos y las caricias que en la televisión había visto, en las películas, en el cine. Sabía que todos los chicos lo hacen y yo porque no. Pancho besa bonito, no como otros idiotas con los que me crucé antes. Recuerdo a Juan, un chico de la iglesia, lo había conocido yendo a buscar comida a la parroquia. Yo tenía apenas 13 o 14 años creo y el tenia 17. Desde que nos conocimos me gustó y él me llevaba al patio trasero de la parroquia y allí nos besábamos como dos adolescentes que empezábamos a experimentar los calores de nuestros cuerpos, pero él era mayor y quería algo más. Una vez me tocó los pechos y yo me estremecí y le dije que no lo hiciera, a pesar de que en mi interior me había gustado que lo hiciera y él me prometió no volverlo a hacer, pero otro día mientras nuevamente nos besábamos, detrás de la parroquia mientras adentro se escuchaba la misa a través de los altoparlantes, él empezó a besarme y acariciarme mientras yo hacía lo mismo, acercando nuestros cuerpos sintiendo su sexo detrás de su pantalón. Supe que era su sexo que buscaba el mío pero yo no quería hacerlo aun, me sentía que aun no estaba preparada, además no quería terminar como mi mamá llena de hijos, malogrando se vida para siempre. Juan me besaba y apretando mi cintura frotaba su sexo y yo quise parar, entonces el me agarró fuertemente las manos y me hizo caer sobre unas bolsas llenos de cereales que la parroquia almacenaba para los desayunos de la semana. Yo tenía un vestido que Patty me había regalado. Juan agarró unas de mis piernas mientras se había colocado encima mío y empezó a subirme el vestido mientras yo le decía que no, pero él era más grande y más fuerte, puso su mano en mi boca y tuve miedo, miedo de lo que se venía, me acordé de las películas que había visto y las novelas donde la chicas son violadas. Quise gritar pero no pude y Juan sacó su sexo, yo lo miré y me dio asco por lo que quería hacer, forcejeé un rato mientras el rompía mi trusa y yo pataleaba para zafarme del imbécil ese. En un descuido suyo lo golpeé en el rostro, arañándolo, él salió de mi encima  y yo me paré y corrí, con el vestido rasgado, sin trusa, pero con mi dignidad intacta. No se lo conté a nadie y nunca más volví a ver a Juan. Quizás pensó que lo iba a denunciar que viajó a su pueblo para no volver más.

Cuando Pancho me propuso hacerlo yo ya tenía 17, pero recordaba lo que había sucedido con Juan y por ello no me decidía a hacerlo. Pancho me puso más cerveza y yo empecé a tomas sin medida, como dándome valor. Sabía que si no lo hacía él me iba a dejar tarde o temprano y yo no quería perderlo porque me daba las alegrías que la vida me ha negado en mi vida, además él estudia y sus viejos tienen plata, su papá tiene una ferretería grande y su mamá es profesora en un colegio del barrio. Me empecé a emborrachar para darme valor, pero también para sacar de mi mente el recuerdo de la experiencia con Juan. A veces, recordando lo de Juan me decía a si misma que tal vez nunca me habría de gustar estar con un hombre. Siempre quise borrar esa imagen de Juan encima mío, con su sexo duro tratando de hacerme el amor a la fuerza, y viendo su sexo desnudo me daba nausea de tan solo recordarlo e imaginar que un sexo de otro hombre fuera igual al del hombre aquel que quiso tomarme sin mi consentimiento. Me hice la idea de entregarme a Pancho pero no mirar para nada su sexo, me daba asco.

Patty me contó que ya lo había hecho con su enamorado en la fiesta de promoción de su colegio y que había sido una de las experiencias más bonitas que había tenido. Me contó algunos detalles íntimos, que de qué forma lo hizo, cuantas veces, que su enamorado le enseñó algunas poses y que ella había gritado no de dolor sino de placer en un hotelito medio clandestino, que había amanecido con su enamorado y habían vuelto a hacer el amor muchas veces mas, que el sexo era muy rico. Yo tenía mis dudas. Pero el trago nublaba cada vez más mi mente. Queria que Pancho me tomara mientras yo no estuviera tan lúcida.

Salimos del bar, yo estaba recontra borracha, y pesar de haber tomado tanto mi mente sabía lo que se venía y tenía miedo, pero también curiosidad de poder experimentar todo lo que Patty me había contado. Con el trago y los besos de Pancho me encontraba excitada, mi cuerpo pedía algo nuevo que mi mente decía no. Pero Pancho era el que controlaba mi cuerpo, mis pasos, y llegamos a un hostal, entramos al cuarto y caí tendida a la cama, mientras Pancho se tiraba encima mío. Recordé a Juan y me puse a llorar en silencio mientras también yo acariciaba a Pancho. No lo quería perder por un recuerdo. Dejé que me acariciara todo mi cuerpo, tocara mis senos, besara mi cuello y empezara a desnudarme. Deje que Pancho hiciera todo conmigo. Y él hizo todo y cuanto quiso con mi cuerpo mientras mi mente estaba perdida y de mis ojos brotaban lagrimas de dolor, pero también de placer que aun me negaba a sentir. Pero fue tan impactante tener un hombre desnudo y dentro de mí que poco a poco fui borrando de mi mente al maldito de Juan y me entregué entonces al hombre del que yo estaba completamente enamorada, y deje que mi cuerpo gozara, que mi sexo sintiera su sexo y sus manos recorrieran mi piel desnuda. Y amanecimos abrazados, tal como me contó Patty y me alegré de haberme entregado a Pancho, e hicimos el amor nuevamente, esta vez totalmente sobria, con ganas, con mi cuerpo, mente y alma.

Seguimos saliendo los fines de semana Pancho y yo y el me llevaba como siempre a comer, a pasear, y al hotelito donde amanecíamos haciendo el amor como dos chicos que creen que el mundo se va a acabar y que se debe gozar lo más se que puede.

Hace tres semanas que debía llegarme la regla y no me viene y estaba tan asustada que luego de hacer el amor con Pancho se lo conté y él me dijo que debía hacerme una prueba, que no podía estar embarazada, que él tenía que seguir estudiando, que sus padres iban a poner el grito en el cielo, que apenas éramos enamorados y el no quería un compromiso mayor conmigo. Al escucharlo me sentí noqueada. No quería creer que lo que había escuchado de sus labios fueran verdad. Le grité, le dije que como es posible que me diga eso, acaso no era el primer hombre de mi vida, acaso no me llevó y me convenció él para ir a ese hotel. Me dijo que lo del hotel era porque yo también había querido y que además yo era mujer y debía estar cuidándome, que no era su problema, que si no lo arreglaba él me iba a dejar. Quise llorar y me dio una rabia tal que empecé a golpearlo. Tomé mis zapatos y se los aventé con tal fuerza que se paró y pensé que me iba a golpear. No lo hizo, tomo sus cosas, se vistió rápidamente mientras le preguntaba que íbamos a hacer, él no me contestaba, se paró y salió del cuarto, entonces también me paré sin importarme que estaba totalmente desnuda y corrí a la puerta mientras el ya salía y, así desnuda lo seguí por el pasadizo del hotel gritándole, pegándole y él sin inmutarse salió del hotel dejándome parada, frente al cuartelero y a un par de parejas que iban saliendo del hotel, viéndome tal como vine al mundo, no me importó, caminé al cuarto, me vestí, salí del hotel y regresé a casa, a mi mundo oscuro de siempre.

A Patty le pedí prestado un dinero y me compré uno de esos test de embarazo que venden en la farmacia y al día siguiente, mientras todos aun dormían oriné en la bacinica de siempre, y puse la prueba. Al rato vi que se dibujaban las dos malditas rayas. Me jodí, pensé, ya me jodí. Fui a buscar a Pancho al instituto, lo esperé hasta la salida y cuando al fin salió lo llamé y le dije que estaba embarazada, me agarró del brazo y me llevó caminando largo tiempo, sin decirme nada, hasta llegar al hotelito donde tantas veces me había entregado a él. Me dijo que entrara, que adentro íbamos a hablar, yo no entendí para que llevarme al hotel, pero entré, y una vez en el cuarto, apenas entré me dio un bofetada que caí en la cama, él se aventó encima mío y empezó a golpearme mientras me gritaba que era una perra, que seguro me había embarazado para atraparlo, que él no era ningún idiota y que yo era la culpable de todo eso. No me defendí, me sentía tan estúpida, culpable, perra, que me deje que me golpeara tal como mi padre golpeaba a mi madre, y que arrancara mis ropas a la fuerza mientas me poseía nuevamente, sin mi consentimiento, mientras yo lloraba, pero ya no decía nada, porque yo era nada, era basura, no le importaba ni un comino al hombre que yo pensaba que amaba y que él me amaba. Quedé totalmente desnuda, desgarrada, sucia, indigna, culpable, en esa cama del hotel donde conocí hacía tantas noches el amor, o simplemente el placer, y hoy, tirada, sólo era dolor. Pancho se fue. Terminó conmigo diciéndome que sólo había servido para sus eyaculaciones y nada más, así me lo dijo, con esas palabras. Maldito, maldito, maldito, mil veces maldito. Y yo estúpida, mil veces estúpida.

Ahora estoy aquí sola, con el maldito paquete, y no sé qué hacer, bueno, si lo sé pero no me atrevo a hacerlo. ¡Pero qué más da!, la vida me ha tratado como una basura, Juan me trato como una cualquiera, mis padres me engendraron para sufrir, Pancho sólo me ha usado. Y no sé qué hacer. Me visto con mis ropas rotas, no encuentro nada intacto, el maldito hasta ha roto mi pantalón, reventando el botón y la cremallera. Camino afuera del hotel mientras veo unas parejas que entran a hacer lo que se hace en un hotelito de mala muerte, camino sin rumbo, camino sin sentir mis piernas, y siento miedo de llegar a casa y contarle a mamá que estoy embarazada. Tal vez no le importe, o me bote, o me pegue. Camino hasta llegar a ver los carriles del tren. Y en mi mente recuerdo que de pequeña siempre venia hasta aquí para ver pasar el tren, me quedaba sentada a un costado mientras botaba toda ese humo negro que tapaba el sol y oscurecía el panorama. Me siento a esperar que pase, ya es tarde y siempre pasa a esta hora. Pienso y mi mente queda en blanco. ¿Por qué naci mujer?. Veo llegar a lo lejos el tren, estará por aquí quizás en un minuto. Que será de mi sin Pancho, a pesar de todo yo lo quería y me imaginé una vida con él. Ya llega el tren, y pienso en mis hermanos, esos pequeños pirañas que todo el mundo niega, veo a mi padre golpeando a mi madre, veo a mi madre que me grita y me manda a cuidar a mis hermanos, me veo detrás de la parroquia dándome los primeros besos con Juan. Yo también amé a Juan. Me veo desnuda haciendo al amor con Pancho, el acariciándome y yo entregándome totalmente. Y a Patty, mi única amiga que ahora no está conmigo. El tren está cerca, muy cerca, tal vez falte 20 segundos, debo esperar un poco más, porque este tren no va a mucha velocidad, puedo fallar y no quiero fallar. Quiero desaparecer totalmente, que no quede ni rastros de mí, que no tenga oportunidad de sobrevivir. Sin querer suelto mis últimas lágrimas. Ya es hora, doy unos pasos más y ya estoy frente al viejo tren que desde niña conozco. Y él se acerca a mí como prometiéndome nunca apartarse de mí. Y yo me entrego a él.


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