Esta abeja era tan inquieta que había sido todo un dolor de cabeza mantenerla calmada en la colmena. Era aun pequeña para salir del panal pero ya quería explorar el campo, volar con sus pequeñas alas, recoger el polen de las flores para hacer la miel que tanto le gustaba. La reina madre no había autorizado jamás a una abeja salir del panal siendo tan pequeña, sin entrenamiento, sin las advertencias de los peligros que encerraba el mundo allá afuera. Pero esta abejita no estaba dispuesta a esperar mas tiempo pues sentía que la vida se le estaba yendo dentro del panal, y sin autorización salió sin que se dieran cuenta. Al hacer el recuento diario una abeja guardián se dio cuenta que faltaba la abejita. - ¡Vaya! - dijo la reina – ojala no se exponga al peligro y vuelva a salvo y que no use el aguijón.
Mientras tanto la abejita recorría flor tras flor empapándose cada vez de polen, alegre, revolcándose, haciendo zumbir sus alitas cuando de pronto sintió un manotazo. Enfurecida vio un pequeño niño y se lanzo en ataque, hundiendo el aguijón, y al tratar de sacarlo sintió un gran dolor. Voló asustada, herida, siendo que la vida se terminaba antes de tiempo.
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