Llegaba el día de su cumpleaños. María estaba tan ilusionada. Lo había estado esperando tanto tiempo. Había ido al cumpleaños de cada uno de sus compañeras de aula y a cada una le habían hecho una gran fiesta, con torta, bocaditos, pastelillos, confetis, payasos. ¡Que gran fiesta la que le esperaba!
Su papá le había prometido hacérselo como ella quería, y su papá nunca diría una mentira.
En la noche anterior a la fiesta escuchó discutir a mamá y papá, mientras ellos pensaban que María ya estaba durmiendo: Amor - le decía su mamá a su papá – si no hay dinero para la fiesta entonces no se hace nada – No, dijo él, se lo prometí, así que aunque nos quedemos sin un solo centavo no la voy a desilusionar.
María pensó que su cumpleaños iba a provocar un malestar en casa así que le dijo a sus papas que ya no hicieran nada, pero papa y mamá le dijeron: - Gracias Maria por tu gesto pero lo que se promete se cumple, además esto no se repite todos los días. Maria tuvo su fiesta y aprendió a querer más a sus papas por el sacrificio que hacían por ella.
jueves, 14 de mayo de 2009
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